Hace unos días me miré en el espejo y me pregunté seriamente cuándo fue que perdí la juventud.
Mi expresión estaba constantemente amarga, esa era mi neutralidad. Para colmo soy una persona arrugada por tener las proporciones de la cara raras. Era una chica de esas que perdieron la alegría de vivir, creía.
Pero hubo un paso más. Como si fuera un vidrio que se rompió en el momento en el que perdí completamente la chispa.
*
No me acuerdo cuántos años tenía cuando mi abuelo, que todavía vivía a la vuelta de casa [después se mudó], nos iba a buscar a mi hermana y a mí a la escuela porque mi papá no estaba al mediodía. Cruzábamos en diagonal a lo que ahora es un locutorio, pero que antes era un barsucho, y nos compraba un cono de papas fritas. Después pasábamos por la carnicería [si no había pasado primero él] por la carne picada. Cuando llegábamos al departamento siempre terminábamos comiendo las papas antes de que hiciera los patys. Tenía una especie de prensador con manija muy pintoresco para que quedaran con forma bien redondita.
Eran realmente ricos. Cuando mi papá empezó a estar esos mediodías, dejamos de ir. Siempre nos invitó a hacernos patys... pero pasados unos años ya no podía, aunque igual nos siguió invitando.
De mucho más chiquita jugábamos al caballito [sobre sus rodillas] y de pronto decía "UOOP UN BACHE" y abría las rodillas. Yo moría del susto jauj
Era un poquito terror, pero un poquito la adrenalina de saber que iba a hacer lo peor de un momento a otro.
Por lo general me mordía la oreja para saludarme y yo siempre me enojaba porque me baboseaba y era realmente una mierda que hiciera eso JAUaj. Pero después me agarraba la mano y me decía "no seas tonta", y tenía la mano tan suave que para que me siguiera haciendo mimos me desenojaba enseguida. Además, nunca ví unas uñas mejor cuidadas.
Le encantaba hacer eso de "tenés roto", y cuando uno mira su ropa: "chinche poroto". Siempre siempre siempre se reía solo con eso. Porque obviamente a mi no me causaba ninguna gracia.
Algunas tardes me mandaba a comprar galletitas a escondidas para poder comer él también y yo medio lo retaba, pero como quería comer galletitas iba lo mismo jauj
Nunca le gustó que le tocara la pelada, un coqueto de aquellos. Y además de coqueto, sentimental. Porque cada vez que me veía haciendo algo que lo llenaba de orgullo, se ponía a llorar.
*
¿Dónde perdí la chispa?
Se me cayó adentro cuando me incliné sobre el cajón y lo sentí frío.
Tengo miedo de convertirme en este ser gris para siempre.
jueves, noviembre 03, 2005
lunes, octubre 24, 2005
Little us
1.
The horrible landscape was getting as dark as his shadow. No matter where he would walk, the black silhouette on the ground found its way to stain it all, even the air. Crawling, from behind, his own projection followed his feet. The weight he had to lift on every step forward was unbearable. It would soon come to an end.
Once his left foot was up, the dark past him from bellow, finally covering every spot. And when he put his foot down, there was no ground to stand on. It was all a hole wich ate him. He fell within himself. Now, he was all dark. Now, It was all.
2.
With eyes closed, the purple sea shivers across one's mind.
But the blue zone is never flooded. It always has to be high, always visible, destroyable, empty and degraded.
The purple clashes the blue making a beautiful noisy sound. Something to match the lowercase sea.
3.
Sad people never die. They just don't run out of agony.
The horrible landscape was getting as dark as his shadow. No matter where he would walk, the black silhouette on the ground found its way to stain it all, even the air. Crawling, from behind, his own projection followed his feet. The weight he had to lift on every step forward was unbearable. It would soon come to an end.
Once his left foot was up, the dark past him from bellow, finally covering every spot. And when he put his foot down, there was no ground to stand on. It was all a hole wich ate him. He fell within himself. Now, he was all dark. Now, It was all.
2.
With eyes closed, the purple sea shivers across one's mind.
But the blue zone is never flooded. It always has to be high, always visible, destroyable, empty and degraded.
The purple clashes the blue making a beautiful noisy sound. Something to match the lowercase sea.
3.
Sad people never die. They just don't run out of agony.
martes, octubre 11, 2005
So What
Parezco haber tirado la toalla con este asunto del blog. Pero la verdad es que no vale la pena postear algo después de un post que recuerda todo lo bueno.
Ojo, no es que no se me hayan ocurrido cositas... el punto es que esas cositas son medio redundantes con el post anterior, o consecuentes. Si no voy a aportar, para qué?
Bah, en realidad, el punto es que cada ataque de la trompeta de Miles Davis me parece un escaloncito de una silueta de horizonte con montañas que se va dibujando. Una silueta medio robótica, si se quiere. Y si me concentro mucho puedo ser una tipita con vestido blanco hace unos cuantos años y estar subiendo esos escalones [que pasarían a ser de un salón de jazz] mientras bailo y mis tacos están peligrosamente cerca del borde de cada escalón. Voy persiguiendo a Miles por siete minutos en los que mi vida corre riesgo y yo no me entero.
Ojo, no es que no se me hayan ocurrido cositas... el punto es que esas cositas son medio redundantes con el post anterior, o consecuentes. Si no voy a aportar, para qué?
Bah, en realidad, el punto es que cada ataque de la trompeta de Miles Davis me parece un escaloncito de una silueta de horizonte con montañas que se va dibujando. Una silueta medio robótica, si se quiere. Y si me concentro mucho puedo ser una tipita con vestido blanco hace unos cuantos años y estar subiendo esos escalones [que pasarían a ser de un salón de jazz] mientras bailo y mis tacos están peligrosamente cerca del borde de cada escalón. Voy persiguiendo a Miles por siete minutos en los que mi vida corre riesgo y yo no me entero.
viernes, julio 22, 2005
Lauchinkens in the Sky with Diamonds
Now they know how many holes it takes to fill the Albert Hall.
De la mente de un cachorro humano a la mente adulta, la transformación es casi ridícula. Dicen que a medida que crecemos alcanzamos procesos de razonamiento tanto más complejos. Como si fuera una escalera, los primero peldaños [que palabra más horrenda, pedante y despreciativa para con el buen 'escalón' -cuya pronunciación parece más primitiva sólo porque las palabras con ñ son pretenciosas-] son inmensas montañas, no tanto por cuánto cuesta pasarlos sino por lo impresionantes que resultan. A medida que se va llegando a la cima [que no existe, pero kjg], los escalones son cada vez más de tamaño normal. La imagen mental puede parecer de una arquitectura paupérrima, pero en realidad los escalones son todos del mismo tamaño. Cuando la interacción con el mundo se va haciendo más frecuente, la interpretación de la realidad y la confrontación con las interpretaciones colectivas preconsensuadas de esa misma realidad se vuelven materia diaria [y los escalones pasan a ser normales]. Así que naturalizamos los choques cognitivos [?!]; cuando a primera impresión un suceso nos parece de cierta forma y después 'nos explican' lo consensuado, lo más posible es que nos sintamos avergonzados por no haber podido deducir el razonamiento colectivo [cuyo registro son los escalones que ya atravesamos].
La vergüenza reemplaza al sentimiento de admiración contemplativa que nos venía en los primeros escalones y que los hacía montañas. A eso le llaman "razonamiento complejo", la reacción sin resultar maravillado por lo nuevo. Y esto pasa sólo porque todos los días nos encontramos con alguna realidad preconsensuada de la que no teníamos conocimiento. Al naturalizarlo lo minimizamos hasta que la expresión "todos los días se aprende algo nuevo" es sólo eso: una expresión común o 'dicho' más que una realidad. O una realidad tan admitida y digerida que ya no se está al tanto de ella.
Si pudiéramos desembolsar todo 'lo nuevo' de cada día sacándole el rótulo que lo engloba como a una masa amorfa, podríamos ver cada uno de esos aprendizajes como enormes montañas y disfrutaríamos infinitamente más el proceso de subirlas.
A veces alguien descubre algo genial o reacciona muy efusivamente ante algo y se lo califica de infantil. Así que la misma mente adulta establece que la alegría, la capacidad de contemplación seguida de quedar maravillado es exclusivamente de los cachorros.
Y en sus razonamientos complejos escalonados evitan el camino simple de la intuición, de la primera vista o primera impresión; por lo que es muy factible que los cachorros se rían de los resultados de esos razonamientos. Los grandes dicen "es chiquito, no entiende" y no tienen ni la menor idea. Y no la van a tener porque ya se olvidaron de las montañas y de cómo se sentía descubrirlas y pasarlas para encontrarse con otras.
Creo que lo que intento decir es que no recuerdo cuándo entendí que hay paredes que no se ven y que, por lo general, están hechas de algo que se llama vidrio [que es un material duro y translúcido que, a su vez, se hace derritiendo arena -que son pedacitos de costras trituradas por la presión del agua?-]. Debe haber sido tremendo Aconcagua.
Climb in the back with your head in the clouds
and you're gone...
De la mente de un cachorro humano a la mente adulta, la transformación es casi ridícula. Dicen que a medida que crecemos alcanzamos procesos de razonamiento tanto más complejos. Como si fuera una escalera, los primero peldaños [que palabra más horrenda, pedante y despreciativa para con el buen 'escalón' -cuya pronunciación parece más primitiva sólo porque las palabras con ñ son pretenciosas-] son inmensas montañas, no tanto por cuánto cuesta pasarlos sino por lo impresionantes que resultan. A medida que se va llegando a la cima [que no existe, pero kjg], los escalones son cada vez más de tamaño normal. La imagen mental puede parecer de una arquitectura paupérrima, pero en realidad los escalones son todos del mismo tamaño. Cuando la interacción con el mundo se va haciendo más frecuente, la interpretación de la realidad y la confrontación con las interpretaciones colectivas preconsensuadas de esa misma realidad se vuelven materia diaria [y los escalones pasan a ser normales]. Así que naturalizamos los choques cognitivos [?!]; cuando a primera impresión un suceso nos parece de cierta forma y después 'nos explican' lo consensuado, lo más posible es que nos sintamos avergonzados por no haber podido deducir el razonamiento colectivo [cuyo registro son los escalones que ya atravesamos].
La vergüenza reemplaza al sentimiento de admiración contemplativa que nos venía en los primeros escalones y que los hacía montañas. A eso le llaman "razonamiento complejo", la reacción sin resultar maravillado por lo nuevo. Y esto pasa sólo porque todos los días nos encontramos con alguna realidad preconsensuada de la que no teníamos conocimiento. Al naturalizarlo lo minimizamos hasta que la expresión "todos los días se aprende algo nuevo" es sólo eso: una expresión común o 'dicho' más que una realidad. O una realidad tan admitida y digerida que ya no se está al tanto de ella.
Si pudiéramos desembolsar todo 'lo nuevo' de cada día sacándole el rótulo que lo engloba como a una masa amorfa, podríamos ver cada uno de esos aprendizajes como enormes montañas y disfrutaríamos infinitamente más el proceso de subirlas.
A veces alguien descubre algo genial o reacciona muy efusivamente ante algo y se lo califica de infantil. Así que la misma mente adulta establece que la alegría, la capacidad de contemplación seguida de quedar maravillado es exclusivamente de los cachorros.
Y en sus razonamientos complejos escalonados evitan el camino simple de la intuición, de la primera vista o primera impresión; por lo que es muy factible que los cachorros se rían de los resultados de esos razonamientos. Los grandes dicen "es chiquito, no entiende" y no tienen ni la menor idea. Y no la van a tener porque ya se olvidaron de las montañas y de cómo se sentía descubrirlas y pasarlas para encontrarse con otras.
Creo que lo que intento decir es que no recuerdo cuándo entendí que hay paredes que no se ven y que, por lo general, están hechas de algo que se llama vidrio [que es un material duro y translúcido que, a su vez, se hace derritiendo arena -que son pedacitos de costras trituradas por la presión del agua?-]. Debe haber sido tremendo Aconcagua.
Climb in the back with your head in the clouds
and you're gone...
lunes, junio 27, 2005
Void
Érase un no ser. Sólo un contorno, una superficie pintada completamente disimulando el hueco. Al moverse, el desplazamiento resultaba simple dando una sensación por demás de liviandad. Liviandad del yo -del yo que no era, pero tampoco había uno que sí fuera-. Esa forma de conducirse le había valido para notarse inexistente, pero a la vez camuflarse: nada menos sospechoso que alguien a quien nada le importa. Porque claro, lo liviano no se expresa sólo en el andar, sino en actitudes y reacciones o, como en este caso, falta de las mismas.
Con perfil bajo iba recorriendo las situaciones que como ente con relleno se le exigía vivenciar, y pensaba para sus adentros [que tanto espacio tenían para pensar todo lo que quisiera -aunque contadas veces lo hacía-] que la fina capa que permitía el discernimiento entre ella y el resto del universo debía ser de yeso o algún material similar por lo duro que se notaba al golpear y por lo liso que permanecía al intentar cortar. Estas especulaciones no la llevaron siquiera a su comprobación, ya que nada la motivaría a investigar o inverstigarse. Lo único casi importante era que la superficie no lograba producirse [porque ella era, al fin y al cabo, esa superficie] mayor daño.
Inercialmente interactuaba con quienes se creían pares y ninguno [para su propio bien mental/moral] notó jamás la diferencia entre ellos, "los rellenados", y "la que no era". Puede suponerse entonces que las emociones superficiales que demostraba pasaban por tan profundas como las que provenían de un rico interior. Una sensación de asco la recorría cada vez que notaba esto. Asco, porque debería denunciarse en su estado para que aquellos sujetos dejaran de engañarse a sí mismos, porque la idea de intercambiar discursos con esos seres sólo para que comprendieran lo que acontecía [mejor dicho, lo que no acontecía] delante suyo la exhaustaba. Y también porque sabía del argumento refutador que esgrimirían orgullosos de su paupérrimo razonamiento de estopa: ¿cómo saber que donde ella tenía vacío los demás tienen algo?
Claro que estaba al tanto porque lo recordaba, sabía una diferencia cronológica de un antes y un después, simplemente no podía establecer un punto específico de inflexión. Creía que, en algún andar, habría pisado alguna vez un clavo. Y el hoyo que este dejara habría sido la puerta de salida de todo el relleno que alguna vez había estado allí dentro. Lo que no cerraba en esa versión era que ahora el yeso no cediera ante golpes o filos, pero tener una planta de Aquiles le parecía mejor opción que buscar otra explicación.
Sin embargo, ¿dónde estaba aquella memoria? Sin duda albergada en el reverso del yeso, pues no había otra superficie para sostenerla. Por lo tanto, siempre que veía sus dedos, los entendía más como bolsas de residuos mnémicos.
Así que por ese hueco, que por cierto nunca buscó, se había ido la ella que todos conocían y cuya ausencia nadie jamás se molestaría en notar.
Con perfil bajo iba recorriendo las situaciones que como ente con relleno se le exigía vivenciar, y pensaba para sus adentros [que tanto espacio tenían para pensar todo lo que quisiera -aunque contadas veces lo hacía-] que la fina capa que permitía el discernimiento entre ella y el resto del universo debía ser de yeso o algún material similar por lo duro que se notaba al golpear y por lo liso que permanecía al intentar cortar. Estas especulaciones no la llevaron siquiera a su comprobación, ya que nada la motivaría a investigar o inverstigarse. Lo único casi importante era que la superficie no lograba producirse [porque ella era, al fin y al cabo, esa superficie] mayor daño.
Inercialmente interactuaba con quienes se creían pares y ninguno [para su propio bien mental/moral] notó jamás la diferencia entre ellos, "los rellenados", y "la que no era". Puede suponerse entonces que las emociones superficiales que demostraba pasaban por tan profundas como las que provenían de un rico interior. Una sensación de asco la recorría cada vez que notaba esto. Asco, porque debería denunciarse en su estado para que aquellos sujetos dejaran de engañarse a sí mismos, porque la idea de intercambiar discursos con esos seres sólo para que comprendieran lo que acontecía [mejor dicho, lo que no acontecía] delante suyo la exhaustaba. Y también porque sabía del argumento refutador que esgrimirían orgullosos de su paupérrimo razonamiento de estopa: ¿cómo saber que donde ella tenía vacío los demás tienen algo?
Claro que estaba al tanto porque lo recordaba, sabía una diferencia cronológica de un antes y un después, simplemente no podía establecer un punto específico de inflexión. Creía que, en algún andar, habría pisado alguna vez un clavo. Y el hoyo que este dejara habría sido la puerta de salida de todo el relleno que alguna vez había estado allí dentro. Lo que no cerraba en esa versión era que ahora el yeso no cediera ante golpes o filos, pero tener una planta de Aquiles le parecía mejor opción que buscar otra explicación.
Sin embargo, ¿dónde estaba aquella memoria? Sin duda albergada en el reverso del yeso, pues no había otra superficie para sostenerla. Por lo tanto, siempre que veía sus dedos, los entendía más como bolsas de residuos mnémicos.
Así que por ese hueco, que por cierto nunca buscó, se había ido la ella que todos conocían y cuya ausencia nadie jamás se molestaría en notar.
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