jueves, abril 07, 2005

Intermission

Creo que podría hacer un post acerca de las maravillas de estudiar algo que me gusta, pero considerando el post anterior, me remitiré a reflexionar un poco sobre toda la situación.

Si a un post completamente gris le sigue uno rebalsante de alegría, todo el blog parece falto de cohesión, por lo que el autor queda tres cuartos incoherente y un cuarto quejumbroso o ciclotímico. Esto tal vez se dé porque el blog se piensa como un diario cuando en realidad los updates no suelen tener ese ritmo. Entonces me veo obligada a hablar del dilema de la comprensión del medio en su ejecución y no en su idealización.

Pero para aprovechar la no cohesión reinante, no voy a extenderme demasiado en eso. Es autoexplicativo y los lectores ya deben haber interpretado. No hay necesidad de ser redunante o tratarlos de idiotas. En cambio, y para mayor inconexión, acá va una frase de una anécdota sin mucho chiste [de esas que uno al final dice "en el momento fue graciosísimo!" como para excusarse por sus pésimos stats en story telling]:
La ciclotimia y la ciclotermia van de la mano.

Claro que en realidad la conexión fue clara, simplemente no está especificada.
Es responsabilidad del lector interpretar.
Es responsabilidad de la producción el transporte del mataterial virgen.
Es responsabilidad del guionista darse a entender.

Debe ser hermoso que el oficio te lleve.

lunes, abril 04, 2005

Livin' just isn't for me

Un mal día.
Creo que detesto al mundo entero y me viene a la mente, justo antes de levantarme de la pc para irme a dormir, la frase "re que a nadie le importa". Creo recordar haber hecho un post con esa frase. Entro al blog para releerlo y ver si me estoy sintiendo igual que hace un tiempo. No encuentro el post, lo busco por todo el archivo sólo para descubrir que HaloScan no guarda los comments de los post más viejos. O al menos no guardó los míos.

En la búsqueda me cruzo con un concepto para ser traído a colación:
Todo es efímero [HaloScan hace unas muy buenas demostraciones de este fenómeno gratuitamente]

Y luego encuentro el post. Sí sí, me siento medio así.

No podría detestar más a toda la existencia.
Ni una sola persona con la que quiera hablar sobre nada. Nada. Espero que mañana el planeta haya explotado o algo.

jueves, marzo 17, 2005

El eterno resplandor de un atardecer nunca apreciado

Empezó hace muchos años. Pero en realidad aún antes.

Hospedados en un lujoso hotel con dos familias que por ese entonces podían ser calificadas como amigas [ya que llegamos al punto de compartir las vacaciones], un día se nos ocurrió [se les ocurrió, pero no se trata de créditos] subir a la terraza del hotel utilizando el ascensor con el simple motivo de ver el sol caer. Toda la experiencia tenía algo de prohibido. Daba la impresión de no estar pensado ese último piso para ser caminado por los huéspedes.
Al salir del ascensor nos encontramos con un pasillo recubierto por rejas en forma de rombos. Y el cielo estaba naranja. Resultó que ese piso no estaba, de hecho, pensado para ser visitado ya que carecía de la iluminación necesaria. A medida que el sol iba desapareciendo, la luz abandonaba el pasillo. Ya no se veía siquiera el ascensor ni las caras de las personas que también estaban ahí, contra la reja. Sólo había un cielo rojizo que hubiera sido liso de no ser por los rombos del enrejado. Me acercaba lo más posible, pero no lograba evitar el alambre. Tal vez entonces fue que inconscientemente relacioné algo anterior. O lo relaciono ahora y le doy sentido a mi problema actual.

Años antes, en una localiad chilena cuyo nombre no recuerdo, mis papás nos llevaron a ver el atardecer en el Pacífico. Según ellos era un gran evento: en casa sólo se puede ver el amanecer enmarcado por el mar. Para mi eso tenía bastante poco sentido, así que no presté demasiada atención al panorama del cielo, pero sí a la iluminación que nos cubría al lado del coche [alquilado?]. Naranja? Rojizo, cálido... y en paz. Es una imagen que me quedó grabada y todo el tiempo se le ocurre andar volviendo.

Al tiempo entendí que la luz del atardecer me encanta. Que amo la vista del mar perdiéndose más allá del horizonte. Y que había perdido la única oportunidad de unir ambos placeres simplemente por no entender lo que eran el este y el oeste. Siempre que sale el recuerdo de Chile pido que por favor volvamos, tal vez para poder apreciar eso que perdí.

Pero no culpo a terceros por habérmelo perdido. Varias veces me repitieron que prestara atención al sol ahogándose. Y yo no.

Así que me encargué de armarme mi propio castigo. La culpa por no haber entendido algo hermoso en el momento en el que sucedía, por haber vivido un "aquí y ahora" aparentemente errado o incompleto. Desde esa tarde-noche transcurrida en una terraza de Foz do Iguazú, todos los atardeceres que ví en mi vida estuvieron truncados. En mi pieza, con la persiana apenas un poco levantada, por los espacios entre las maderas, me esfuerzo por ver un atardecer que nunca consigo. Nada me impide levantar la persinana, nada me impide ir a un lugar donde pueda ver sin obstáculos, simplemente no lo hago. Por no haberlo apreciado cuando era más hermoso, o por no querer saber que debajo no está el mar. No lo hago.

Entonces sí, amo los atardeceres. Me fascinan los tonos que forman sus luces sobre distintas superficies. Pero nunca ví uno.

martes, marzo 15, 2005

Yo, paisajista.

De chiquita, viendo la realidad que los dibujitos me enseñaban, aprendí que amo los paisajes. Soñaba con disfrutar de cielos raros naranjas y árboles increíblemente altos con copas diminutas con respecto al tamaño del todo el ser [los árboles son seres eh]. Aún sueño con eso creo. Las vistas altas de las colinas de Dragon Ball se me quemaron en la retina, quizás daltónicamente. Tal vez por eso me encanten los atardeceres [cielos naranjas, única conexión, pero basta] -nota para próximo post-
Otra paisaje hermosamente ficticio es el que mostraba Sailor Moon si no me equivoco. La Luna. De por sí hermosa. Pero la Luna que se asoma de a partes entre las hojas de un árbol.
Pero mis árboles [están en mi retina, son míos] nunca llegan tan alto.

Por lo tanto, he notado, recurro a la producción de mis propios paisajes. Bah, al de la Luna.
Desde mi ventana veo el pulmón de manzana, con sus árboles y con sus faroles esféricos [que más bien se ven circulares, posiblemente porque la luminosidad evita las sombras que permiten notar profundidad].
Veo un árbol desde arriba y un farol debajo, medio atrás. Esa es mi Luna.
Y seguramente el diseñador que indicó plantar ese árbol ahí y poner ese farol allá no tiene idea de lo feliz que me hace mirar por la ventana a la 1:36 de la mañana para cerrar un hermoso día.

jueves, marzo 03, 2005

To live and let die

Si fuera a morir mañana, tal vez ocuparía uno de estos segundos que se me van yendo en asignar mis pertenencias a las personas que deberían tenerlas si yo no estoy.

Pero mañana voy a vivir, HIJOS DE PUTA, voy a vivir. Aunque la vida me tenga podrida eh. Así que dejen de desear con ojos hambrientos mi colección de canicas y la Magic 8 Ball. No pienso darles el destino antes de tiempo.